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si me conocieras en este momento
y te abrazara como te abrazo ahora
y fueran las palabras dulces
como penas ahogadas en crepúsculos
si un racimo nuevo de palabras mudas
entronadas en tácitas miradas
se cosechara como simiente de mi sexo
en comunión con el tuyo
si esas palabras tuyas y mías y nuestras
en ese enredo mentiroso de lo simple
cupieran en la transición de noches
a días, capulllos a flores
y cascadas a ríos,
en la efímera posibilidad
de un refugio eterno de argamasa
indescifrable
en la resina paciente de un árbol cuyas raíces
atraviesan rocas centenarias y emerge
a un mar sin tiempo
sería ese nacimiento inmortal
una extensión verde profunda
donde acostarnos y lamer
los surcos de la tierra y sembrar
sobre la sangre reseca
aún fresca en la memoria.
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